lunes, 18 de abril de 2011

Desolación

Suena el despertador marcando las 6:45 am.
La luz del reloj tintineando, da cuenta que aún hay vida en el cuarto oscuro.
Las cortinas cafés, perfectas para evadir la luz.
Los famosos "cinco minutitos más".
Los ojos pesantes.
El cuerpo cansado.
El no querer salir del refugio y las sábanas tibias.
Quedarse eternamente en la postura fetal 
y conseguir entrar en el sueño a pesar que las circunstancias no lo permiten.
Nuevamente la realidad se hace presente,
marcando ahora las 7:00 am.
Efectivamente no hay vuelta atrás.
Los minutos corren y tengo que entrar en la rutina aunque cueste.

Afuera ya se escucha movimiento.
La contaminación acústica entra en la pieza.
Me quita la poca paz que tenía 
al momento de abrir lo ojos con cierta dificultad.
Me siento al borde de la cama.
Me agarro la cabeza.
Sensación insólita.
"Esto no puede estar pasando".
Quedarse con el gusto a poco.
Falta de sueño.

Hecho a correr el agua.
Me doy ánimo.
El agua sana el alma.
Debiera sentir efecto.
Pues no.
Me siento igual que todas las mañanas.
La ducha, es la misma que la de todos los días.
Nada especial.

Me visto desanimadamente.
Como, porque debo hacerlo.
"Piloto automático".
Me lavo los dientes con calma.
La estúpida sensación de "estar ido"...
La idea de creer que la lentitud es significado de inútil.
Hoy no importa la puntualidad.
Todo es relativo.
Nada importa.

Clases.
Yo no estaba ahí.
Mi mente en blanco.
Sorpresivamente, la loca de la casa, 
al parecer, está un poco afectada.
Hoy se dio día libre.
Menos mal, me dejó tranquila.

Después de tres horas de mente en blanco,
pesco mis cosas y vuelvo al refugio.
Entro a las cuatro paredes, las cortinas cafés 
y la sensación de sueño profundo.
Miro hacia mi izquierda.
Veo uno de los tres obsequios mirándome fijamente.
Sale mi nombre.
Me da pena.
Quise evitarlo, pero no pude.
Foto, marco y sensación perfecta.
Se cumplió el objetivo.
Me llegó hasta el alma.
Prefiero no buscar los otros dos restantes.
Ahí, declaro melancolía perpetua.

La cala marchita.
El sol que no calienta.
Las manos heladas.
La boca seca.
Los ojos brillantes.
El pulso absurdo.
La mente sin pensamientos.
Primer día sin llamados.
Ausencia de ti...