domingo, 17 de abril de 2011

Estación soledad

Juego con mi psiquis.
Me trato de evadir y hacer la tonta.
Lo intento pero al parecer me resulta difícil...
Las pruebas y evidencias presentadas hoy,
son demasiado fuertes como para creer que no existen.
Me encantaría ya estar a años luz de este escenario,
mirar con perspectiva, enternecerme por "aquellos" momentos pasados,
sonreír, conversar de momentos vividos, sacar conclusiones, darse cuenta que nada fue terrible,
y que todo fue por un mejor futuro.
Pero ahora me cuesta infinito.

Volví de un viaje solitario para despejar la mente.
Regresé a mis cuatro paredes sin nada claro.
No importa, no quise desesperar...
Estaba dispuesta a terminar el día sin tanto alboroto.. 

El timbre interrumpió el silencio y la poca paz interna que había conseguido.
Abrí la puerta cautelosamente. Pensé en un momento, eras tú.
No... Fallé.
Veo un hombre canoso un tanto amigable...
Me dice que tiene que entregarme algo.
Alguien vino a dejarme un bulto blanco bastante llamativo.
 Lo tomé con un cierto temor...
Sin leer el nombre del remitente, 
sabía,  eras tú...

Cerré la puerta de forma ansiosa.
Quería saber que había allí adentro.
Estaba temblorosa.
La fuerza se me quedó en mi viaje solitario.
Con esfuerzo logré llegar a mi pieza.
Las piernas me temblaban.
Las manos frías y el corazón cansado...

Logro tranquilizar el cuerpo.
Me siento respirando profundo...
Miro hacia afuera.... dejé la intriga a mi lado.
Abrí lentamente los ventanales de mi pieza,
salí a la terraza para ver si te encontraba escondido abajo.
No... 
Verdad... 
Olvidaba, ya te habías ido.
Suspiro angustioso.

Entré mirando el misterio fijamente.
Me acerco a éste y me siento a su lado...
Lo abro con decisión...
Me encuentro con tres obsequios.

El libro prestado, ya ha sido devuelto.
La caja roja de los zapatos negros, 
la causa de tantas metáforas dedicadas, ahora, no sabiendo por qué,
están conmigo...
La fotografía que selló nuestra historia.
La evidencia de que todo fue cierto.
La historia bien contada.
Los únicos y grandes buenos recuerdos.
La causa de mis risas espontáneas.
La razón de los sueños ya no realizados.
El coraje por creer en algo difícil.
Las ganas de tenernos como compañeros de vida.
Y un final que culmina con la escena más triste y enternecedora...

No puedo llamarte.
No soy capaz.
Quisiera agradecerte, pero no puedo.
No me sale la voz.
Con suerte la escritura me está resultando.
Le pongo un poco de empeño para terminar el escrito.
Borro y vuelvo a retomar.
Me cuesta...
Pareciera, no quisiera que esto culmine con un "adiós" miserable.
Los ojos llorosos.
La nariz roja.
El mentón que tirita.

Es inevitable.
Estamos llegando...
Tenemos que bajar.
"Estación Soledad"(?)...
Llegó la hora.
Los caminos volvieron a separarse.
Te quiero...

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